Colaboradora con Canal Catala, Estil 9 y La Sexta TV. artemisatarotartemisaforo.blogspot.com.

Una forma diferente de entender el Esoterismo.

Bienvenido Amig@:

Si me has seguido a lo largo de estos años verás, que este es un anexo más de Artemisaforo-Artemisatarot que te ofrezco para facilitar que me puedas contactar, además de Facebook y la Web de Artemisa (sitio Oficial) www.artemisaforo.com, que muchos de los visitantes de este blog conocerán. Recuerda... Primero fue la Librería Esotérica Artemisa fundada en el año 1997. Luego, junto al registro de marca, ArtemisaForo en el que tan buenos ratos hemos pasado. Y tras Artemisa-Tarot o Tarot Artemisa (Pag. de Consultas), ahora he decidido comenzar este Blog que a la vez de facilitarte mayor información y ayudar a que me conozcas mejor, también pretende ser un pequeño archivo de anecdótas y curiosidades, de esas que se pueden ajustar al aún amplio Mundo del Esoterismo. Espero que mi blog lo encuentres interesante.

Mis mejores deseos para ti.

Artemisa.

Si deseas Consulta Presencial llama al telf.:
+34 932 180 718

sábado, 19 de noviembre de 2011

MADRE... QUE SERE CUANDO SEA GRANDE?

Adela fue madre tardía después de 10 años intentando traer al mundo a su deseado retoño, y cuando por fin lo consiguió, se prometió a sí misma ser, la madre más comprensiva y amorosa del mundo. Su querido Fidel nunca tendría una sola queja o duda en cuanto a su amor de madre y espíritu de sacrificio. Así que mientras el hijo creció feliz en sus primeros meses de vida, colmado de mimos, caprichos y cariño, ella perdió a su estimado Juan y sola frente a la vida, sin más familia que su vástago, siguió su arduo camino superando fatigas, necesidades y angustias.

Solo habían transcurrido 4 meses del nacimiento de Fidel cuando Juan la dejó para siempre tras una muerte inesperada. Conduciendo su viejo camión de reparto le falló el corazón y como cuando alguien se queda dormido al volante, el vehículo se precipitó al profundo barranco. Los pocos restos que pudieron rescatarse tras la explosión, Adela nunca llegó a verlos aunque su imaginación hizo estragos de por vida en su mente, imaginando tal horror.

Comenzaban los años 50 cuando esa recién estrenada madre quedó viuda, llena de temores y vencida al dolor. Nunca hubo trabajado, poco estudiado y a duras penas aprendió a dibujar unos trazos similares a un nombre. El que dijeron que era el suyo... Fue casada precipitadamente a los 16  para huir del horrible orfanato que le dio cobijo durante su infancia y adolescencia pues ninguna familia se interesó por ella en su niñez. La Adela niña resultó no ser suficientemente blanca ni rubia...  Suficientemente alta ni fina... Simplemente no fue suficientemente bella ni aparentemente lista. La Adela niña como la Adela joven fue alguien carente de respeto y cariño que soportó menosprecios y humillaciones. Una niña tosca, una joven retraída a la que nadie quiso... A la que nadie enseñó lo que era higiene, amabilidad o cortesía. Para Adela, pese a los cambios que su cuerpo experimentó con la edad, nada cambió en su día a día pues, desde el primer momento que fue recogida en la calle, abandonada a su suerte, hasta el último instante que permaneció en ese odioso lugar, todos, absolutamente todos los días de su vida fueron igual de tristes, solitarios y confusos. Jamás un destello de amabilidad... Nunca una luz de esperanza al final del camino.
Cansada de desprecios y oscuridades... Sin cariño ni amor, la desafortunada encontró en Juan, el escape a su triste encierro. 
El, pese a ser "el hijo tonto" de los jardineros del orfanato, no solo le había dado ternura y respeto sino que terminó convirtiéndose en su apoyo y sustento. El suyo y el de su deseado niño. Hubiese sido un buen padre y demostró ser un buen marido y ella, necesitaba tanto dar el cariño que no pudo dar nunca a nadie... Qué sería de ellos sin su querido Juan?...
Adela miró a Fidel con lágrimas en los ojos y resolvió con rapidez. En el paritorio prometió de corazón que lucharía por cumplir lo prometido. No permitiría que su hijo muriese de hambre. Pero... 
Tres meses después del fallecimiento de Juan, el niño lloraba con desconsuelo mientras su vientre se contraía convulso. La mujer no tenía un céntimo para comprar comida, ni leche con la que amamantar al pequeño. Nadie fiaba a Adela y su debilitado cuerpo no podía generar el alimento que la cría precisaba. 
Conforme pasaron los días, necesidades y promesas la obligaron a superar los miedos y una mañana se lanzó a un mundo desconocido para ella. Fidel necesitaba comer "hoy" pero en el "mañana", también necesitaría educación y estudios. Los que ella nunca tuvo. 
Mendigando trabajo mal pagado, limpió y fregó las miserias de otros en cárceles y hospitales. Enfermó de tuberculosis y no murió de milagro pero... Día a día, noche tras noche, casi sin dormir ni comer mientras los años pasaron, agotada llegó una madrugada tras otra, a su humilde y húmeda  casa. Un sótano que alumbraba con candiles de aceite y velas, mientras en el resto de la finca se encendían bombillas de "125" y unos conectaban estufas de resistencias rojas y los otros metían carbón en las calderas. Pero Adela no pudo pagar facturas eléctricas ni carbón, ni leña. Solo pudo cubrir a su hijo con las viejas y apedazadas mantas que en el hospital desechaban. Obligada a ahorrar de donde no quedaba, para darle al chico una buena escuela y a ser posible también "la universidad", vivió sacrificio tras sacrificio durante lo que pareció un interminable y duro "invierno" que se alargó durante años de tenues luces y hogazas de pan remojado en leche que, a veces agria, regalaba por misericordia algún vecino. En ocasiones, la "suerte" hacía aparecer un saquito de azúcar, varias pastillas de cacao y un taco de mantequilla, todo ello colocado con sumo cuidado y esmero, frente a la puerta del triste hogar. Como por "arte de magia"...  Como por arte de "birlibirloque"...
Cuando eso sucedía, Adela y Fidel acompañaban su lineal alimento, con el rico majar aparecido. Pan untado con mantequilla, cacao rallado y un tazón de leche con azúcar...
Y Fidel creció.

A mediados de los 60, aquella sacrificada madre, obtuvo el primer gran premio a su esfuerzo. Sacar a su hijo del húmedo sótano y subir a la segunda planta de su escalera. 
La nueva vivienda era mucho más espaciosa, caliente y luminosa. Disponía de agua corriente que no precisaba ir a buscarla a la fuente del barrio y también luz eléctrica. Muebles, los justos... Un par de camas, mesa, dos sillas y poco más pero, Fidel tenía su propio cuarto para estudiar templado por la única estufa que la línea eléctrica de la vivienda podía soportar. Y mientras, Adela siguió calentándose acurrucada en su vieja manta apedazada, alumbrándose con el viejo candil que su "Juan del Alma" compró en alguna feria de antaño mientras seguía llegando cansada y dolorida de madrugada para pagar orgullosa los estudios de Fidel junto al alquiler del nuevo hogar. En el pasillo, la radiante bicicleta que a costa de los vestidos que no se compró y de lo que no comió, pudo regalarle al chico para su 15 aniversario.
Ese día, Adela invitó a la portera de la finca, su única amiga, a que compartiera tan feliz celebración. Feli que así se llamaba, fue quien guardó y cuidó a Fidel, todas las horas que la madre pasó trabajando fuera de casa. Día tras día... Noche tras noche... Año tras año... Era de comprender que los 15 años del chico fueran tan importantes para ambas. 
Aquel bebé que lloró muerto de hambre y frío, se había convertido ya en un buen estudiante y gallardo jovencito. Feli era digna de disfrutar de la cara de júbilo del niño en la entrega de tan merecido y sacrificado premio. Su soñada, merecida y demandada bicicleta.

Pero esto solo es el recuerdo de una anciana que, con la mente cansada por su edad, los huesos deformados por la humedad y el desgaste, y una anemia crónica ocasionada por la mala alimentación que durante toda su vida sufrió, se explica y explica sin aliento a sí misma porque... Hoy, muchos años después del inicio de su duro destino, de la superación de sus miedos, de soportar el hambre y dolor inmisericorde en su castigado cuerpo a cambio del bien estar del ser a quien dio la vida, se ha visto abandonada en una gasolinera por su querido Fidel.
De repente, se preguntó: - ¿A dónde fue?...
No entendió que el coche no estuviera allí parado, en el mismo lugar en el que la dejó, alentándola a que fuera al lavabo. 
Preocupada por haber ensuciado su ropa interior, solo esperaba llegar a casa para asearse y ponerse cómoda. Fidel la ayudaría, como siempre, porque ella no disponía casi de movilidad. A sus 86 años, Adela no conseguía levantar la cabeza a la altura de los hombros ni mover los brazos con un mínimo de coordinación ni comodidad. Deformada por la artrosis, su cadera y piernas tampoco le permitían estar mucho rato de pie sin apoyarse en su bastón pero este, se había quedado en el coche y sus piernas comenzaban a temblar sin control. 
Miró como pudo de un lado a otro de la gasolinera y aguantandose el dolor mientras cerró con fuerza sus ojos, se preguntó: ... ¿Dónde se habrá metido este hijo mio?...  
Intentó distraerse dicienciéndose lo orgullosa que se sentía por lo bien que Fidel había realizado su carrera de medicina... Recordó el día de la entrega de las orlas... Las buenas calificaciones... Y las felicitaciones de los catedráticos por la matrícula de honor conseguida. Y entonces, una lágrina resbaló por su mejilla mientras un extraño helor pareció invadirla. La anciana no supo interpretar el motivo de su emoción... ¿Alegría frente al recuerdo de tan hermosos momentos?... 
Una agria sensación recorrió su cuerpo cuando volvió a sentir el fuerte dolor y fallaron sus piernas tambaleándose brúscamente. Dolor y más dolor... Un dolor punzante que nació de sus entrañas y que en esos instantes, no supo a qué correspondió.

Media hora había pasado entre que Fidel la acompañó a la puerta del aseo en la gasolinera y que Adela, minutos después, salió llamándolo inquieta e incómoda, mientras se apoyaba torpemente entre la puerta y la pared. Al salir al exterior y no ver a su hijo ni el coche, levantó los ojos todo lo que pudo mientras terminó de colocarse la falda. Esperaba ver a su chico... Su Fidel... Allí mismo... Para ayudarla a entrar en él vehículo pero, tras los postes de gasolina no encontró a nadie. 
La puesta del sol vestía el solitario paisaje de rojo y púrpura pero no hacía pizca de frío y sin embargo ella, sintió helar su sangre en las venas mientras el dolor iba en aumento. Adela dejó de recordar y ya no volvió a explicarse nada más.


Nunca se supo si la sacrificada madre fue consciente de lo que su hijo fue realmente cuando llegó a "grande" aunque, bien pensado, esa última lágrima que resbaló por su mejilla, quizás debió delatarla pese a que de su boca, como siempre,  no salió ni un solo lamento. 


El dependiente de la gasolinera la encontró desplomada en el suelo, fría como el hielo y los sanitarios de la ambulancia poco pudieron hacer por ella. Adela ingresó cadaver en el hospital y de Fidel solo se supo que, cuando fue "grande", no solo consiguió un título de médico si no que también llegó a ser, un soberano cabrón.


Por el Amor, por el Respeto, por la Vejez y en honor a todas las Madres pero especialmente, a la memoria de esta gran mujer,  Adela. Descanse en paz.