Colaboradora con Canal Catala, Estil 9 y La Sexta TV. artemisatarotartemisaforo.blogspot.com.

Una forma diferente de entender el Esoterismo.

Bienvenido Amig@:

Si me has seguido a lo largo de estos años verás, que este es un anexo más de Artemisaforo-Artemisatarot que te ofrezco para facilitar que me puedas contactar, además de Facebook y la Web de Artemisa (sitio Oficial) www.artemisaforo.com, que muchos de los visitantes de este blog conocerán. Recuerda... Primero fue la Librería Esotérica Artemisa fundada en el año 1997. Luego, junto al registro de marca, ArtemisaForo en el que tan buenos ratos hemos pasado. Y tras Artemisa-Tarot o Tarot Artemisa (Pag. de Consultas), ahora he decidido comenzar este Blog que a la vez de facilitarte mayor información y ayudar a que me conozcas mejor, también pretende ser un pequeño archivo de anecdótas y curiosidades, de esas que se pueden ajustar al aún amplio Mundo del Esoterismo. Espero que mi blog lo encuentres interesante.

Mis mejores deseos para ti.

Artemisa.

Si deseas Consulta Presencial llama al telf.:
+34 932 180 718

sábado, 2 de julio de 2011

CONTACTO CON EL MAS ALLA.



Puede parecer extraño pero los contactos con el "otro lado" no siempre son como esperamos. Los que me conoceis sabeis que soy bastante analítica y que antes de lanzar una afirmación en cuanto a "lo desconocido", acostumbro a analizar y no dejarme llevar solo por "sensaciones" o ilusiones y como efectivamente es habitual en mi, en esta realidad que aquí os explico, seguí manteniéndome en mi misma línea de "excepticismo" hasta que "alguien" me llamó la atención y me hizo comprender que lo que "parecía", más bien "era".

Este artículo lo edito en el segundo aniversario de la defunción de mi querido perro PEQUE fallecido de ancianidad el 29 de Abril del 2009 y con cual compartí casi 15 años de mi vida. Los afectos y sentimientos no entienden de razas ni colores. Sirva esto para los "escépticos".

                                               A ti te lo dedico Compañero.


Después de casi 15 años de compartir geniales ratos y también fatigas y angustias por cuestiones personales que no vienen al caso, llegó el día en el que la grave artrosis deformatoria que sufría mi coleguita, me llevó a la encrucijada de tomar o no tomar "la horrible decisión". Peque no podía ya ni caminar y corría el riesgo de quedarse paralítico pero su verdadera devoción por mi y el no querer abandonarme, lo llevó a agotarse hasta la extenuación. Su desgaste era gigante y el esfuerzo por vivir un día más junto a mi, también. Yo no podía verlo sufrir ni minuto más en esas condiciones y al final, tras meditarlo mucho, decidí liberarlo de la obligación que él mismo se había impuesto. Seguir conmigo. 
Cuando dío su último y débil suspiro apoyando su cabezita en mis manos, sentí como lo había liberado a la vez que yo también me liberé de tanto sufrimiento. Eran las 15.00 horas del día 29 de Abril del 2009.

Durante la tarde estuve relativamente distraída trabajando en las tareas de mi consulta pero luego, cuando la jornada terminó, sentí la necesidad de salir a dar un paseo como los que daba con él al cierre de mi negocio. No tuve la sensación de caminar sola por la calle. Sin embargo, cuando por la noche regresé a mi casa, un tremendo vacío me desgarró por dentro y sentí que mi habitación estaba helada. Ese fue el duro momento en el que realmente topé con mi realidad. Mi Peque ya no estaba y yo lo había sacrificado. Un horrible sentimiento de culpabilidad me invadió y un séquito de interregantes acrivillaron mi cabeza. Y si lo hubiera llevado al veterinario y administrado más dosis de medicamentos?...

Esa noche no pude dormir ni un segundo y continuamente tuve la sensación de escuchar sus pasitos lentos y cansados sobre la alfombra de mimbre que se extiende a los pies de mi cama. Una vez tras otra levanté la cabeza y encendí la luz esperando verlo allí, con su cabezita reposando sobre la colcha y sus grandes ojos negros mirándome como pidiéndo permiso y ayuda para subir pero... pese al sonido de sus pasitos, no le vi.
Días después de su muerte, mi angustía y soledad había crecido tanto que me obsesioné por no haberlo abrazado con toda mi fuerza... Con todo mi amor, en sus últimos minutos de vida. Lo que en realidad hice fue aguantarle la cabeza para que no se le cayera en el momento crucial y mientras mis manos lo asíeron con delicadeza, pegué mis labios a su frente y bajito, bajito, le hablé intentándo darle toda la paz que pudo salir de mi en ese dramático instante. No quería que se sintiera solo en el trance... No quería que sintiera miedo al pasar "la barrera"... Yo estaba como siempre, con él. 
Los dos sabíamos sin hablar que era nuestro último minuto compartido pero... El no haberlo abrazado me llevó a dos meses tremendos de dolor. Qué torpe había sido!... Ya nunca tendría ocasión de volver a sentir su cuerpecito gordezuelo y peludo entre mis brazos... Cómo había podido dejarlo partir sin darle mi último abrazo?...

 
La vida es bella Amig@s... Con problemas y alegrías, amor y desamor... pero siempre merece la pena vivirla y las Almas sabias son porque para algo se llevan con sigo el aprendizaje de vida. 
No hizo falta que siguiera llorando mi frustrado abrazo porque una noche, sin más, Peque se me presentó en un extraño sueño que aún hoy, después de dos años, no he conseguido descifrar y entonces, no solo permitió que lo cogiera en brazos y que lo abrazara fuerte, fuerte si no que, se subió a una columna para llegar a mi altura impidiendo que yo me tuviera que agachar. El sabía que mi espalda no podía con sus veintisiete kilos de peso levantándo a peso muerto desde el suelo porque en vida lo había comprobado. Si yo quería cogerlo en brazos, él tenía que subirse al sofá o la cama, de otra forma yo, no lo conseguía. 
Esa noche, por fin comencé a descansar. No obstante, durante el posterior año muchas fueron las veces que escuché con claridad el sonido de su collar agitándose en la cocina y siempre a las horas de la comida o de la cena, como si siguera allí... Sentadito en el suelo esperando pacientemente su menú. 
Un día tomé consciencia de que mi Peque, por mucha lógica que quisiera ponerle a los sonidos que me negaba a creer fuesen ciertos, seguía en casa junto a mi, protegiéndome y acompañándome como siempre. Entonces hice una prueba. Encendí una velón rosa que habitualmente prendía estando él en vida y lo coloqué al lado de su capacito. La vela habló y el resultado fue impactante. 

Estas son las imagenes de ese modesto video que realicé apresurada con mi teléfono móvil, sin creerme lo que mis ojos estaban viendo. Cierto es que en las imágenes no podreis apreciar el movimiento real de la llama pues el objetivo queda deslumbrado por el fuego pero, SI se ve con claridad el reflejo de la misma y el fuerte titilar cada vez que yo le hablo a mi supuesto Peque.

  
Tardé semanas en dar crédito a esta realidad, hasta que un día, un buen amigo me hizo abrir los ojos y aceptar que la vela había servido de comunicador entre mi perro y yo, sin embargo, el año de su fallecimiento se había cumplido y una servidora seguía enciéndole velas esperando respuestas. No tardé en volverlo a soñar una y otra vez, cada vez con mayor asiduidad pero, en estas ocasiones, mi Peque me miraba desde la distancia y cuando yo lo llamaba, daba media vuelta y se alejaba de mi hacia un lugar indeterminado y desconocido para mi. Parecía enojado. Con mucha pena entendí que había llegado el momento de liberarlo también de nuestro nexo emocional y energético. El necesitaba seguir su camino y yo no se lo estaba permitiendo.

Una noche, llena de dolor, me estiré en mi cama y me concentré en su imagen. Cuando conseguí que Peque apareciera a mi lado... 
Miré hacia delante y vi un sendero como iluminado tenuemente dentro de una total oscuridad. Al final del mismo, una gran luz se movía sinuosamente. Peque y yo estábamos juntos en el camino y nuevamente debíamos despedirnos.
Le expliqué que había comprendido que teníamos que separarnos y que yo estaba allí, con él, para acompañarlo pero que no podría pasar del umbral de la luz y que él, sin miedos y sereno, tendría que partir solito. Peque me miraba desde su altura, con su cabezita levantada. Con sus ojitos pareció decirme que lo entendía. Llevaba tiempo perdido sin saber que hacer en aquella horrible oscuridad y sin notar mis caricias ni saborear sus comidas... Su confusión había terminado. La luz estaba ahí mismo.

Caminamos despacio, uno al lado del otro, como dando nuestro último paseo. Yo haciéndome la fuerte y él decidido con su rabito erguido. No se adelantó un solo centímetro a mi hasta que, llegando a ese umbral de luz, decidió avanzarme. 
Me fui rezagando viendo como la distancia entre nostros crecía y por unos segundos me angustié creyendo que no se giraría a mirarme pero, cuando ya casi la luz lo abrazaba, aún pude ver su silueta parada y su cabecita girada mirándome como esperando la orden... "Ves Peque... Ves... Vete tranquilo y descansa Amigo. Eres todo un campeón".

Se me llenaron los ojos con lágrimas de emoción y pena, mientras una paz tremenda me fue inundando poco a poco a la vez que mi Peque se fundía con la Luz. 

En este último año, no he vuelto a oir su collar ni a verlo en ningún sueño pese a lo mucho que lo he deseado. Sin embargo la llama de su vela sigue moviéndose cada vez que la prendo como se movía su vigorosa colita cuando estaba contento. De izquierda a derecha.